El camino de Santiago es una ruta milenaria que conecta varios puntos de Europa y culmina su recorrido en la capital de la provincia de Galicia en España. Desde la Península Ibérica arrancan la mayoría de sus rutas que la recorren desde los cuatro costados. Sin embargo, y a pesar de tantos años de historia todavía guarda muchos secretos para quienes lo aman y para quienes están pensando en emprender esta aventura. ¿Por qué no sigues leyendo y los descubres por ti mismo?
Un camino de caballeros y justas
En el puente que en la provincia de León conecta las dos orillas del río Órbigo, las crónicas cuentan que en julio de 1434 un caballero llamado Suero de Quiñones decidió apostarse junto con sus escuderos con el propósito de retar a todos los caballeros que por allí pasaran. En concreto, les retaba a un duelo a tres lanzas, esto es, a una batalla donde ganaba quien partiera en el otro 3 de estas peligrosas armas.
Después de haber completado su hazaña a lo largo de un mes, el caballero y su séquito continuaron camino hasta la ciudad de Santiago. Esta anécdota forma parte de una ruta que por su antigüedad fue también escenario de la marcha y merodeo de unos personajes tan reconocibles de la cultura europea como lo fueron los caballeros.
Una ruta prohibida para todos los españoles
Además de caballeros, había otro tipo de personas que transitaban los caminos que conducían a Santiago. No lo hacían con nobles intenciones. De hecho, aprovechaban la buena fe de los peregrinos y los locales para estafarles o asaltarles. Con el pretexto de que venían o iban a Santiago hacían su botín con las desafortunadas gentes que con ellos se cruzaban. Tanto es así que el rey Felipe II decidió prohibir que los españoles pudieran hacer el camino. Esta prohibición se levantó pasado un tiempo y no afectó en ningún momento a peregrinos que venían de otras partes de Europa.
Una ruta conectada a la nobleza
Fueron muchos los nobles que se animaron a hacer la peregrinación a Santiago. En efecto, un caso muy sonado fue el de Cosme de Médicis, uno de los principales nobles florentinos procedentes de la burguesía de aquella ciudad italiana. A pesar de ser el hombre más rico de su época, se decidió a hacer la peregrinación a Santiago acompañado por una generosa comitiva. Posteriormente continuó su camino hasta las Islas Británicas. A pesar del riesgo que podía suponer en esa época no fue el único: Santa Isabel de Aragón, hoy en día considerada santa, fue en su época reina de Portugal.
Su ferviente fe hizo que iniciara la ruta hacia Santiago desde Lisboa y que inaugurara con ello la ruta del camino de portugués: una de las rutas más populares y hermosas que se pueden hacer en la actualidad. Precisamente por dicha ruta se puede llegar a la localidad de Santarem, donde otro famoso rey de Castilla (Sancho II el Fuerte) tomó prisionero a su propio hermano Alfonso el Bravo, con quien estaba en guerra para intentar quitarle el trono de Galicia. La disputa se inició cuando, tras morir el padre de ambos, Sancho entró en guerra con sus hermanos para quedarse con su parte de herencia que incluía varios reinos y algunas ciudades.
¿Por qué se lleva una vieira?
La concha de Santiago es en realidad una vieira. Este molusco, aparte de ser un exquisito manjar que podremos degustar a lo largo de nuestro camino, es el símbolo del Apóstol Santiago y de todo el camino. La respuesta a porqué la vieira se convirtió en el emblema del camino es difusa. Sin embargo, podemos decir que muy probablemente cumplía un doble propósito. De un lado, servía como credencial para todos los peregrinos: era una señal que les acreditaba como tal. Por otro, servía para beber de ríos y cursos de agua donde normalmente no podía accederse con facilidad.
Igualmente, para muchos era un recuerdo y una prueba de que habían realizado la peregrinación cuando volvían a sus patrias. Este y otros secretos acerca del Camino de Santiago los puedes encontrar en SantiagoWays.com, ya que son especialistas en todo lo relacionado con el Camino de Santiago.
Una ruta para locos y apestados
El camino de Santiago tenía un fuerte componente espiritual. Hoy en día, a pesar de que ese motivo sigue todavía muy presente para muchos peregrinos, no es el único. Sin embargo, hubo una época en la que gente desesperada por padecer algún mal emprendían su peregrinación con la esperanza de poder recibir a cambio un milagro del Apóstol. Es así que según las crónicas de la época podían verse largas procesiones de personas que sufrían toda clase de calamidades. Entre ellas habría que destacar las procesiones de «Tarantelas».
Estas personas estaban afectadas por un bacilo que se encontraba en el centeno en mal estado y que provocaba alucinaciones y movimientos espasmódicos. La forma que tenían de moverse mientras caminaban hacía que se inventara incluso un baile inspirado en ellos, la Tarantela.



