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Reflexiones de un Italiano viajando por Sudamérica

por Gonzalo Cazenave
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Hola a todos! Tengo 23 años y soy estudiante en la Universidad de Bérgamo (Italia). El año pasado me inscribí en la Facultad de Lenguas Extranjeras después de haber pasado dos años en Sudamérica. Después de terminar el secundario me lancé a esta aventura. Como la mayoría de los chicos que se van al extranjero yo estaba realmente muy cansado de vivir en este país que no cree en los jóvenes, que no quiere ayudarlos, que no invierte en la educación y la cultura.

Andrea-Scarpari-Foto-220Cuando tenía 18 años hice mi primera experiencia en América del Sur, entre Buenos Aires y Montevideo. Trabajé durante un mes en un centro juvenil ayudando con diversas tareas, jugando al fútbol y hablando con los chicos de los problemas cotidianos.

Fue la experiencia que me cambió, me hizo cambiar mi punto de vista, me enriqueció como hombre. Una perspectiva más amplia y más crítica desde el que ver y pensar en lo que gira alrededor de nosotros.

Me acuerdo que cuando dije que era italiano y hablaba español vi muchas caras de sorpresa. Fue muy satisfactorio porque acababa de llegar y ya me estaba acostumbrando al acento del lugar. Gracias al buen manejo del idioma que logré alcanzar, tuve la oportunidad de trabajar y compartir mas tiempo con estos chicos. Poco a poco, la comunicación empezó a fluir, y al mismo tiempo, me fui ganando su confianza.

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Yo no era considerado un educador, pero si sentía que me iba ganando un lugar entre ellos, una persona con la que podían hablar y encontrar algunos consejos y sugerencias para sus problemas. Eran chicos de 13 a 18 años como yo, y lo que más me sorprendió fue la gran relación que se estableció con estos chicos a pesar de que yo venia de otro contexto social. No fui discriminado porque yo venia desde el «primer mundo», pero me veían con admiración porque llegaba de tan lejos y estaba entre ellos.

Aprendí la importancia de la humildad, compartir lo que se tiene con quien tiene poco o nada, pasar el mate a la persona que esta a tu lado.

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Esta fue la experiencia que me hizo volver dos años más tarde después de terminar la escuela. Trabajé como camarero en una pizzería de Buenos Aires y con el dinero ahorrado viajé por el país. Haciendo dedo y viajando solo la mayor parte de mi travesía conocí una gran cantidad de personas, que muy amablemente, estuvieron dispuestas a ayudarme sin problemas, gente como yo, gente que tiene la misma pasión por estas aventuras.

En mi viaje tuve la oportunidad de visitar la Patagonia, el Norte Argentino, las Cataratas de Iguazú y llegar hasta Río de Janeiro, todo haciendo dedo en la ruta y con viajes agotadores en autobús de 10 horas hasta más de 20 horas. Viviendo durante más de un año en la ciudad de Buenos Aires casi había olvidado la tranquilidad del campo, el silencio de la noche en la provincia de Brescia, donde crecí.

Al ser una metrópolis hay autos por todas partes, mucho por hacer y el tiempo se va volando muy rápido. Como todas las grandes ciudades, hay barrios seguros y otros no, sólo hay que tomar precauciones. Es una ciudad que te deja con una extraña melancolía, porque a veces no la soportas y cuando te vas lejos de ella viene la nostalgia de esta ciudad tan excéntrica. Es una extraña sensación de confusión, la ciudad es la cuna, la representación concreta del tango que se escucha tocar en sus calles. A pesar de todo la considero una de las ciudades más bellas por su multiculturalismo, por el aire cosmopolita que se respira y el gran movimiento cultural presente.

13451301_1625938047725479_580040893_nUna de las cosas más importantes que aprendí viajando es disfrutar el momento, dar valor a los pequeños gestos cotidianos, pararse, hablar y escuchar a las personas que tienen una historia para contar, porque cada momento es bueno para aprender cosas nuevas.

Dejar de lado lo que los otros piensan, estar menos atentos a la agenda o programar tareas que no vamos a cumplir, no alimentar nuestro ego, ni tampoco celebrar la vanidad ajena.

Las mejores elecciones vienen por sí mismas, las mejores opciones se hacen escuchando el corazón, lo cual es posible solo conociéndose a si mismos. Conocerse significa conocer sus proprios límites y yo creo que el viaje es el método más útil para hacerlo porque te pone delante de un obstáculo a superar, y vos estás por tu cuenta sin la ayuda de nadie.

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Aprendí que los problemas cotidianos que nos toca vivir día a día, no tienen comparación. Existe una problemática muy diferente, y de mayor urgencia, que pone en juego cuestiones vitales. Los problemas que tenemos en Europa son «problemitas» en comparación con los que existen en el resto del mundo, que sufre y la otra parte de la población. Tal vez el sistema de la globalización creado por Occidente tiene que ser revisado, de alguna forma; no es justo que una pequeña parte del mundo se de el lujo de vivir de excesos y consumos, mientras en la otra parte todavía hay personas que mueren de hambre y que carecen de acceso al agua potable. No es justo que las multinacionales corrompan los países más débiles y frágiles para vaciarlos de sus riquezas y creando miles de otros problemas. Los problemas se hacen para resolverlos, no para llorar y no hacer nada para encontrar una solución. Ya sería más fácil vivir si las personas utilizaran más sentido común para discutir, no pelear, escuchar a los demás para encontrar una solución en lugar de construir muros ideológicos y luego tener ideas aun mas distantes. Estamos en  una situación en la que se necesita un cambio profundo pero que sea un cambio de verdad.

13467362_1625936487725635_1281223945_oAntes de mi elección estaba indeciso si estudiar allá o aquí, pero al final volví a mi país porque es lo que amo, incluso si la crítico a menudo. Quizás es el orgullo de mi país que me trajo de vuelta porque estoy convencido de que mi país no es sólo bunga-bunga, mafia y pizza, porque estoy convencido de que Italia tiene necesidad de una sacudida, un cambio real no continuas promesas que no se mantienen sistemáticamente. Me parece lógico que un país que presenta personajes cuestionables y pluricondenados en el Parlamento tenga poca credibilidad internacional.

Decidí estudiar en Italia porque creo que la oferta formativa y el profesionalismo de los docentes italianos sean uno de los mejores y más completos, lamentablemente en los últimos años, con infames reformas se quiere destruir todo esto.

Volví a Italia sin dinero porque gasté todo por mis viajes, pero puedo decir que hablo muy bien el español y el portugués, vi paisajes que te llenan el alma, trabajé, tuve la oportunidad de forjar fuertes lazos de amistad,  hice mucha experiencia que me formó como persona y como hombre. Elegí hacer esta experiencia en el extranjero porque todavía no había decidido sobre lo que quería hacer y estudiar en mi futuro. Así que opté vijar por los país que me fascinaban y me interesaban más. Desde adolescente que estaba interesado en la América del Sur, con sus impresionantes paisajes, las playas paradisíacas y su joven pero intensa historia.

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Purmamarca – Jujuy

Tuve la suerte de poder cumplir mi sueño de viajar a ese continente pero todo eso lo debo a mis maravillosos padres y mi familia que han ayudado y apoyado en mis decisiones y les agradezco mucho. Sinceramente me sorprendió yendo a la universidad porque me di cuenta de lo que verdaderamente lo que es lo que me gusta y quiero estudiar y por eso estoy muy feliz.

El regreso en el «primer mundo» ha sido, en general, positivo porque encontré mi camino para mi futuro. Tengo que reconocer que me extraña mucho América del Sur, los amigos que dejé y que pronto voy a reencontrar.

Fue el sueño que pude lograr solo con mis piernas y con el apoyo de mis padres y la ayuda de la gente sincera encontrada durante mi camino por el cual dedico este ensayo ya que sin ellos todo esto no sería posible. Decidí escribir este cuento porque creo que las cosas tienen y pueden cambiar, para dar coraje a los jóvenes que tienen una idea de hacer una experiencia a el exterior por estimular a hacerlo porque poder es querer! Porque es necesario un cambio. Porque NOSOTROS jovénes somos el futuro y tenemos el deber de arreglar estas injusticias.

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Diego Núñez mayo 31, 2018 - 04:04

Muy interesante tu experiencia. Yo hice lo contrario, trabajé y viajé por Europa, sobre todo por Italia. Después de haber estudiado tanto acerca de Europa y el arte, me dio pena que esas cosas no son apreciadas por todos los italianos que ni siquiera visitaron jamás Santa Maria del Fiore. Me di cuenta de cosas que tienen mucho valor y que viviendo en la Argentina no me daba cuenta, y es que en Italia la gente es más individualista y no son tan flexibles, por ejemplo hubo una huelga en Ferrovie dello Stato, y yo recién llegado a Florencia me acerqué a un policía, como hago acá cuando necesito algún tipo de información, y no me quiso dar ninguna indicación: «No no! Io sto controllando». El policía no estaba haciendo un cazzo y se negó a ayudarme. Después se creen que uno es tonto por el sólo hecho de ser extranjero y tener un acento diferente, si bien la mayor parte de la población argentina es de origen italiano y muchos hablamos el idioma. Otra cosa fue que me discriminaron en un barrio de negros cerca de Florencia. Entré a un negocio donde eran todos negros y ni siquiera levantaron la vista para mirarme y menos que menos saludarme. También extrañé la carne, la fiorentina no tiene nada que ver con la carne argentina, aparte que me dio impresión que la hacen casi cruda. Pero son más los aspectos positivos y todo lo que aprendí. Viví en Montecatini Terme en el hotel Belvedere que pertenece a un caballero, Simone Galligani se llama. Me sentí muy cómodo siempre y seguro, es impagable poder caminar de noche sin miedo de que te roben o te lastimen. Me gustó mucho la cocina, no sabía que había tantas formas de preparar pasta. Ahora soy exigente con el café, soy adicto al aceite de oliva extravirgen, que de hecho es muy bueno el aceite de oliva argentino porque cosechan y seleccionan las olivas a mano. También me contagiaron el espíritu emprendedor y el buen gusto. Te mando un saludo desde Temperley, Buenos Aires.

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Diego Núñez mayo 31, 2018 - 04:05

Muy interesante tu experiencia. Yo hice lo contrario, trabajé y viajé por Europa, sobre todo por Italia. Después de haber estudiado tanto acerca de Europa y el arte, me dio pena que esas cosas no son apreciadas por todos los italianos que ni siquiera visitaron jamás Santa Maria del Fiore. Me di cuenta de cosas que tienen mucho valor y que viviendo en la Argentina no me daba cuenta, y es que en Italia la gente es más individualista y no son tan flexibles, por ejemplo hubo una huelga en Ferrovie dello Stato, y yo recién llegado a Florencia me acerqué a un policía, como hago acá cuando necesito algún tipo de información, y no me quiso dar ninguna indicación: «No no! Io sto controllando». El policía no estaba haciendo un cazzo y se negó a ayudarme. Después se creen que uno es tonto por el sólo hecho de ser extranjero y tener un acento diferente, si bien la mayor parte de la población argentina es de origen italiano y muchos hablamos el idioma. Otra cosa fue que me discriminaron en un barrio de negros cerca de Florencia. Entré a un negocio donde eran todos negros y ni siquiera levantaron la vista para mirarme y menos que menos saludarme. También extrañé la carne, la fiorentina no tiene nada que ver con la carne argentina, aparte que me dio impresión que la hacen casi cruda. Pero son más los aspectos positivos y todo lo que aprendí. Viví en Montecatini Terme en el hotel Belvedere que pertenece a un caballero, Simone se llama. Me sentí muy cómodo siempre y seguro, es impagable poder caminar de noche sin miedo de que te roben o te lastimen. Me gustó mucho la cocina, no sabía que había tantas formas de preparar pasta. Ahora soy exigente con el café, soy adicto al aceite de oliva extravirgen, que de hecho es muy bueno el aceite de oliva argentino porque cosechan y seleccionan las olivas a mano. También me contagiaron el espíritu emprendedor y el buen gusto. Te mando un saludo desde Temperley, Buenos Aires.

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